Y una bola de fuego quemándome la boca del estómago,
y una bomba de relojería golpeando la glotis
un tic-tac que no acaba de inmolarse.
Los dientes apretados triturando las horas
que no quieren pasar en el reloj.
Una aguja que rueda en mi cerebro.
La sangre derramada que nunca es suficiente,
el petróleo rojo de las venas,
el alquitrán de los pulmones.
La parálisis.
y una bomba de relojería golpeando la glotis
un tic-tac que no acaba de inmolarse.
Los dientes apretados triturando las horas
que no quieren pasar en el reloj.
Una aguja que rueda en mi cerebro.
La sangre derramada que nunca es suficiente,
el petróleo rojo de las venas,
el alquitrán de los pulmones.
La parálisis.

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