Wednesday, January 29, 2014

Y en mi mundo interior estoy contigo.
Ese tú que no existe.
El que no rompe,
el que no muerde.
El que no golpea dos veces la misma piedra.
El que no golpea.

El que mantuvo viva nuestra relación durante tanto tiempo.
El que ha quedado ahora en tu lugar.

En mi mundo interior los monstruos no juegan a esconderse.
Y me invento y reinvento mil maneras más fieras de perderse.
De ser, de hacerse, de ganarse.

Y un camino perdido al fondo de mi sangre
me dice que aún nos sobra la esperanza.

Y yo sonrío.
Sonrío con tu mano apretándome el meñique.
Y tengo fe porque todo funciona.
Y no tengo miedo de tu voz.

En el mundo interior en el que habito.
Este resquicio,
esta tabla,
el salvavidas
del que ninguna psiquiatría
podrá desheredarme.

Porque el mundo de fuera no es una alternativa mejor a la locura.

Por qué el mundo de fuera,
por qué iba a escoger
esa piedra clavada,
esos golpes al filo de mi sexo,
esa navaja siempre,
esa navaja cada día reventándome el sueño.

Por qué esa condena terrorífica
de forzarnos a vivir en la cordura.

Esa de la violencia y de los gritos,
esa de no poder salvarse en ningún sitio.

Dejadme en el silencio de mis voces.
No me robéis la realidad que habita
al fondo del final de mi cerebro.

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