Tener el coraje de acabarse.
Romper el vértigo a dejar de serse en
una misma
cuando ya no se es.
Cuando ya nos vaciaron hasta
usurparnos,
cuando no nos quedó ni el privilegio
de ser la transparencia en el espejo.
Solamente carne que se enreda en si
misma.
Solamente la tubería de mi esófago
estrangulando a la tráquea
en una asfixia que no termina nunca.
Viviendo por debajo del nivel del
oxígeno.
Perder la esperanza y su espera
interminable,
entregarse a la huida de verdad,
la de las piernas colgando
y el aullido en la sala.
Una soga real que acabe con la asfixia
por fin.

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