El nen que sempre deia sí.
El niño que siempre decía sí.
Andreu Martín.
"Manolito no sabe decir no. El Mago Sí le ayudará a poner los pies en la Tierra".
La niña Miedo miraba el título en vertical del libro sobre su cama. Todas las noches.
Odiaba ese libro.
Lo releyó mil veces.
La última página era una partitura manuscrita que nunca llego a tocar entera.
Manolito era el niño predilecto. Sus padres, sus profesores, todos sus adultos feos y políticamente correctos le adoraban, porque siempre decía sí.
Un día unos niños malos, muy malos, le obligaron a hacer cosas malas, muy malas. Y el niño que siempre decía sí les dijo Sí.
Y entonces descubrió que no debía hacerlo.
Demasiado tarde.
Y música.
Demasiado tarde había llegado el libro a sus manos.
La niña Miedo odiaba el libro. Pasaba las páginas con sus manos llenas de síes pasados, lo leía con los ojos llenos de llagas, de semen adolescente, de heridas y mordiscos en la boca.
La niña Miedo tenía 9 años
y quería arráncarse los 7 y los 8.
Le dolían la niñez, los síes y la barriga diariamente en periodos de dos a tres meses.
Tocaba a veces las notas inocentes del Mago Sí y daba una y otra vez vueltas a las páginas, con respeto.
La niña Miedo tenía un diario en el que escribía todo lo ignorable. Las peleas en casa, los juegos al escondite y al matar, su primera noria.
Su diario no tenía noches, ni castillos en ruinas, ni dentelladas en los labios, ni un desgarramiento en la entrepierna.
Ni a un tal Pedro desnudo desnudándola, ni a otro tal Carlos, ni la edad que éste casi le doblaba, ni esa inmensa polla adolescente que babeaba entre unos dedos niños, ni esas manos blancas asustadas que aprendían la palabra semen, ni ninguna de esas gotas de sudor triste.
La niña Miedo era más miedo que niña; y no tenía ningún Mago Sí que la librara de su desnudez. De las palabras.
La niña Miedo se disfrazaba de princesa en carnavales. Y eso a los niños semen les tensaba el escroto, la polla, la mirada, los dientes homicidas. Y Miedo no sabía jugar al escondite.
Odiaba ese libro
Porque Manolito no tenía las manos manchadas de semen, ni había sentido el rasgarse de un montón de telas en su cuerpo, ni le habían dicho nunca "Aprende a besar" mientras le mordían con gula la lengua.
Porque en él escupió todos sus olvidos, y los disparó en cada una de las notas informes que sonaban a infancia. Sobre todas las páginas, sobre todos los Síes.
La niña Miedo encerró en ese libro todos sus recuerdos, para poder negarlos sin mentiras.
Y se quedó con ella todo el miedo y un diario repleto de secretos que no podía escribir.
Saturday, August 21, 2010
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1 comments:
Nunca pensé que fueras a publicar este.
Creo que es bueno.
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