Un hombre vio volar a un pájaro
y lo envidió tan profundamente
que quiso (cómo sólo saben hacer los hombres)
en lugar de aprender de su aleteo
robarle el don del vuelo.
Lo desolló
y le arrancó las plumas.
Y fue con ellas en las manos que sucedió la magia:
el hombre empuñó el arma de la literatura.
No es el hombre el que escribe:
es el pájaro que llora
y grita
y revienta a volar entre los dedos.
La llamaron Inspiración
y sólo era un animal herido
tratando de escapar de las garras del hombre.
y le arrancó las plumas.
Y fue con ellas en las manos que sucedió la magia:
el hombre empuñó el arma de la literatura.
No es el hombre el que escribe:
es el pájaro que llora
y grita
y revienta a volar entre los dedos.
La llamaron Inspiración
y sólo era un animal herido
tratando de escapar de las garras del hombre.

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