Sunday, February 23, 2014

ACOSOS.

Y rehizo su vida a pesar del acecho.

Aunque él la persiguiera en cada calle.
Aunque él la esperara en cada esquina.

Aunque al follar por fin con otros cuerpos
él estuviera ahí
impregnando con su aroma
la carne de los otros.

Aunque su voz apareciera en las gargantas
de todos los amantes
que siguieron mojándole las sábanas.

Aunque cada vez que alcanzaban el clímax
ella descubriera de pronto
en los ojos volados de sus hombres
las pupilas de él apareciéndose,
su mirada homicida clavándose en sus ojos.

Y rehizo su vida,
como Penélope hacía y rehacía
todos los días y todas las noches
la misma tela con el mismo hilo,
la misma pesadilla repetida.

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