Wednesday, February 13, 2013

Comuniones.


Cuando terminaba la catequesis, y en el nombre de Dios, les comulgaba.

Une a une  pasaban les niñes al confesionario.

Y cada día ahí les esperaba Dios.
La sotana escondida debajo de la silla y una erección divina en la entrepierna.
Y ahí empezaba el ritual de cada Martes por la tarde.

"Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros"

Y les niñes pasaban une a une. Y mordían la carne porque era carne santa.
Y bendecían después de cada encuentro con Dios (y con su espíritu).

Y la polla homicida se iba haciendo cada vez más roja y con más venas.
Y parecía que fuera a estallarse de sangre.
Y los jadeos de Dios les hablaban al fondo del orgasmo.

"Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía".

Y les niñes posaban une a une. Y bebían del cuerpo cada gota, porque era sangre santa. Blanca como la sangre de los dioses.
Se repiten al fondo del pasillo “Este es el sacramento de nuestra fe.”.

Y ese es el ritual de cada Martes, tras las clases de Biblia y de moral tan cristiana y tan católica.

Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo al participar aquí de tu altar, seamos colmados de gracia y bendición.

Y piensan luego en toda la miseria que mata a sus hermanes más allá de la iglesia. Y chupan con más ganas para que acabe todo. (“Acuérdate también, Señor, de nuestros hermanos difuntos que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.”).

Y dónde habrá un ejército de Judas que claven en la Cruz a ese cobarde. Que atraviesen su piel les humillades. Que aprendan en su sangre la verdad. Que la muerte siempre dura más de tres días.
Y que brille esa sangre caliente brotando por sus yagas. Roja. Como la sangre de todes les mortales.

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