Nunca me había interesado tanto la astronomía como cuando empecé a dormir con él.
Memoricé el mapa de todas las estrellas y en mis noches de insomnio rompía todos los planos en su cuerpo.
Reinventé las galaxias. Pasé con el pulgar desde Andrómeda a Orión, de Pegaso a Bayera, del Fénix de su hombro a esa Casiopea que ocultaba en el pecho.
El mejor espectáculo llegaba cuando un ruido, un mal sueño o, a menudo, alguno de mis movimientos le hacían revolverse por las sábanas hasta darse la vuelta.
Y era entonces cuando asomaban las constelaciones de todo el firmamento. Y era entonces cuando podían mis manos de gigante abarcar todo el puto universo en su espalda.
Mientras tanto él dormía debajo de ese cielo.
Y yo vivía un insomnio jodidamente hermoso.
Cómo dormir con tanto sol delante.
Cómo con tanta luz.
Wednesday, November 10, 2010
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

1 comments:
jajajaj estás jodidamente encoñada!!
cuata moñada!
Post a Comment