*Al médico de cabecera
que me niega las citas por loca y trastornada. A todos los psicólogos
que se negaron a atenderme si no iba drogada a la consulta. Muy
especialmente al que me sentenció con estas palabras:
- Te has confundido, chica. Aquí no estás para que que te ayudemos como a ti te apetezca. Aquí estas para obedecernos. Si el psiquiatra y yo firmamos ahora mismo que tú necesitas medicació...n, la tomarás. Quieras o no quieras. Y pondremos los medios que hagan falta para ello.
A ellxs estas palabras.
Pero también a la psicóloga en prácticas que salió rabiosa y llorando de esa misma consulta. Y al psicólogo que me ayudó sin juzgarme, el que me escuchó y preguntó qué quería y me acompañó en el camino que yo había decidido. Y a todxs (sin excepción) lxs que estuvieron ahí, a lxs que están y a lxs que nunca han dejado de estar. A todxs ellxs porque son la esperanza que tanta falta hace.
Y, sobre todo y por encima de todo, a todxs a quienes todo esto les suena familiar. A todxs lxs que saben de lo que hablo. A ellxs también: salud y fuerza.*
- Te has confundido, chica. Aquí no estás para que que te ayudemos como a ti te apetezca. Aquí estas para obedecernos. Si el psiquiatra y yo firmamos ahora mismo que tú necesitas medicació...n, la tomarás. Quieras o no quieras. Y pondremos los medios que hagan falta para ello.
A ellxs estas palabras.
Pero también a la psicóloga en prácticas que salió rabiosa y llorando de esa misma consulta. Y al psicólogo que me ayudó sin juzgarme, el que me escuchó y preguntó qué quería y me acompañó en el camino que yo había decidido. Y a todxs (sin excepción) lxs que estuvieron ahí, a lxs que están y a lxs que nunca han dejado de estar. A todxs ellxs porque son la esperanza que tanta falta hace.
Y, sobre todo y por encima de todo, a todxs a quienes todo esto les suena familiar. A todxs lxs que saben de lo que hablo. A ellxs también: salud y fuerza.*
Lxs locxs
Lxs trastornadxs.
Lxs peligrosxs.
Lxs enfermxs.
Lxs que tantas veces
pasamos la noche viendo esas voces
que se arrastran por el suelo,
escuchando ese aroma infernal
retumbando bajo la cama,
oliendo esos pasos que se cuelan
por todos los rincones de la casa.
Viviendo las horas
en la espera sin tregua
de que vuelva a los brazos
ese tacto
a descanso y a útero y a sueño
del preciado silencio.
Lxs locxs.
Lxs que también tantas veces
nos deshacemos en ganas
y nos sabemos dueñxs
de las noches,
de NUESTRAS noches,
de nuevo.
Y nos dejamos envolver por esas voces,
y arrullarnos por ese canto de sirenas,
y nos dejamos penetrar por la violencia de la noche
y aceptamos la noche
como ese núcleo huérfano que sale de las vértebras
y nos dejamos asfixiar por ella
como se asfixia a un poema.
Y nos dejamos morir
como un poema que arde a la luz de una llama cualquiera
mientras la noche viene a devorarnos
y le cedemos la carne
y nos deshacemos en ese murmullo interminable.
Y nos deshacemos como la carne nuestra deshaciéndose ante el placer de la noche.
Nosotrxs.
Lxs locxs.
Lxs enfermxs.
Lxs peligrosxs.
Lxs que conocemos los orgasmos de la noche.
Lxs que convivimos con la carne de las voces
y a veces nos matan de miedo
los mismos susurros
que otras veces
nos hacen ahogarnos
en el placer más rojo
del delirio.
(Y qué loco, qué enfermo, qué peligroso es el placer descontrolado
para un mundo que funciona movido por el miedo y por la desesperanza,
¿No es cierto? ¿No es acaso más que ese vuestro miedo a nosotrxs?
Ese miedo al placer que no podéis controlar, porque no lo podéis ni siquiera entender, que no nos lo podéis robar, que no nos pertenece nada más que a nosotrxs porque lo llevamos dentro. Y eso os jode de miedo. ¿No es eso, jueces de bata blanca, cirujanos del miedo?)
Nosotrxs.
Lxs que tememos a la incertidumbre de las voces
pero escupimos ante sus pastillas,
ante sus diagnósticos
y su psiquiatría incontrolada
porque
qué duda cabe,
tememos más,
mucho más aún,
a esa certidumbre de las píldoras,
que, si vienen, vendrán para robarnos
lo único que con total certeza
aún nos pertenece.
Las voces.
NUESTRAS voces.

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