No hay cuerdas en nuestras manos atadas.
No hay vendas en nuestros ojos vendados.
No hay sogas en nuestros cuellos ahorcados.
Y sin embargo estamos
con las manos más atadas que nunca,
con los ojos más vendados que nunca
y con una soga gigante en el pescuezo
a
ho
gán
do
nos.
Sin manos para alcanzar la soga.
Sin ojos para llorar el miedo.
Y los labios partidos
y sangrando
sin sangre que los lave.
Thursday, February 24, 2011
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